Blanca Navarro Pérez, Directora de Estrategia. Instituto de crédito Oficial (ICO)
El futuro exige soluciones urgentes para afrontar los desafíos climáticos. Reducir y neutralizar las emisiones de gases de efecto invernadero es una prioridad mundial, que requiere normas comunes para la medición transparente de la sostenibilidad. En este contexto, la Directiva Corporate Sustainability Reporting Directive (CSRD) y los estándares Estándares Europeos de Información de Sostenibilidad (ESRS) se erigen como pilares esenciales para promover las finanzas sostenibles en Europa.
La CSRD constituye el marco legal de los requisitos de reporte en sostenibilidad de las empresas en la Unión Europea, exigiendo información sobre gobernanza, riesgos y oportunidades relacionados con la sostenibilidad, además de su impacto social y medioambiental. Los estándares técnicos desarrollados por European Financial Reporting Advisory Group (EFRAG) concretan cómo deben cumplirse estos requisitos, asegurando informes comparables y de buena calidad.
No obstante, aunque esta línea de actuación es necesaria, desde el punto de vista de la competitividad, el cumplimiento de estos requisitos puede constituir una carga demasiado pesada para ciertos sectores, como son el agroalimentario o el industrial, que deben competir con otros países que tienen normativas de sostenibilidad mucho más laxas. En este sentido, el conocido como “Informe de Draghi”, hace notar que el marco normativo de la Unión puede ser tan exigente que retrase la innovación y frene el crecimiento económico, debido a los excesivos costes de cumplimiento y a las complejas exigencias legislativas.
En línea con dicho informe, mientras Europa refuerza su regulación, otros mercados internacionales siguen avanzando con menos requisitos regulatorios. Esta sobrecarga normativa frena la competitividad de las empresas europeas frente a empresas de países como China o Estados Unidos, cuyo marco normativo es menos exigente. Por ello, el “informe Draghi” subraya la necesidad de racionalizar el marco legislativo con el fin de que se equilibre el desarrollo sostenible con la vitalidad económica, simplificando y clarificando las políticas.
Draghi sugiere un modelo de “competitividad sostenible”, donde regulación y flexibilidad coexistan, basado en un marco regulador más racional y simplificado
Para equilibrar la protección del medioambiente con el crecimiento económico, Draghi sugiere un modelo de “competitividad sostenible”, donde regulación y flexibilidad coexistan, basado en un marco regulador más racional y simplificado, que establezca orientaciones claras y simplificadas para todos los sectores y reduzca las exigencias para las pymes, que son las más perjudicadas con los costes de cumplimiento de la normativa actual. También aboga por un enfoque coordinado entre los Estados miembros, con incentivos que impulsen la descarbonización sin comprometer el crecimiento económico.
Desde el punto de vista del ICO, sostenibilidad y competitividad deben ir unidas. La institución trabaja para integrar la CSRD en sus sistemas internos de manera eficiente, controlando que la normativa no obstaculice su misión como banco nacional de promoción de canalizar inversiones hacia proyectos sostenibles y de innovación, especialmente en sectores estratégicos. En esta línea, el ICO colabora estrechamente a nivel europeo para maximizar el impacto de sus inversiones, como instrumento de política económica y coordinando estrategias de inversión. En esta línea, el ICO se compromete a seguir siendo un instrumento de política económica que promueva la sostenibilidad y la competitividad, alineándose con la visión de una «competitividad sostenible» propuesta por Draghi.
(Publicado en el Informe Anual OFISO 2025 sobre la Financiación Sostenible en 2024) Ver aquí