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De la falta de evidencias a la falta de excusas

Julián Romero

La ansiedad por probar la existencia de un factor alfa significativo en la inversión ESG se ha convertido en el santo grial entre un buen número de analistas. Con una lupa similar y un objetivo diferente, los supervisores bancarios se afanan por identificar la influencia de los principales riesgos ESG en las carteras de los bancos.  De su identificación dependerán las futuras políticas prudenciales sobre exigidas a las instituciones financieras, tanto a nivel individual como a nivel sistémico.

La búsqueda de evidencias no siempre acaba con éxito. Algunas veces, por resultados inconsistentes, otras porque resulta muy difícil sacar conclusiones definitivas, en particular, aquella de que: toda inversión ESG es financieramente superior a una tradicional.
Este año, curiosamente, nos hemos encontrado una divergencia significativa entre los índices de renta variable y los de renta fija. Mientras los primeros han observado un mejor comportamiento que sus pares no-ESG, los de renta fija, por el contrario, han tenido un peor comportamiento. Es cierto que los índices sostenibles están sometidos a fuertes controversias en su construcción, aún tienen una vida corta y sufren de forma severa la inconsistencia de las clasificaciones de sostenibilidad.

Pero si profundizamos un poco más, surge la evidencia de que el llamado greenium se consolida en el mercado primario.

Basado en lo dicho anteriormente, podemos decir que en 2021 un ETF de renta fija ESG habría obtenido un rendimiento menor que uno tradicional. Esto en buena medida se debe al greenium, o prima verde de emisión. Los inversores están pagando una prima por activos etiquetados como sostenibles. Esta prima se puede decir que es una transferencia de renta de los inversores a los emisores, que excede con creces los costes asociados a la emisión sostenible.

No es fácil asignar un valor concreto a este greenium, dadas las diferencias existentes entre activos, así como los episodios de volatilidad intrínsecos de los mercados. La aproximación más certera a este concepto nos la dan los bonos verdes del gobierno alemán que estan emparejados con bonos tradicionales. Ambos presentan exactamente las mismas condiciones financieras e incluso la Agencia de finanzas alemana ofrece un sistema de intercambio entre ellos. La prima de estos bonos se ha estabilizado en torno a los 4-5 puntos básicos.

Definitivamente el greenium ha pasado a ser la principal razón del crecimiento de la oferta. En el pasado quedan los tiempos en que los beneficios inmateriales como la ampliación de la base inversora, los efectos internos sobre la concienciación sostenible de las compañías y los externos sobre los beneficios reputacionales, eran las principales motivaciones.

Desde entonces hasta ahora, estos se han ido acrecentando, no hay más que ver el crecimiento exponencial de los flujos de inversión con vocación ESG o los compromisos de emisiones cero netas de gobiernos y compañías. Pero financieramente es la consolidación de este greenium el que en la actualidad pone muy difícil encontrar excusas para tomar una decisión de financiación no sostenible.

El momento de los primeros, los más decididos, los más comprometidos ya ha pasado. El mercado ha ido creciendo, innovando con todos aquellos que se han ido uniendo más tarde . Cifras de emisión que impresionan, con ratios por encima del 50% en algunas categorías y geografías. Atentos y manos a la obra aquellos que todavía se resisten, porque más pronto que tarde, llegará el momento de los últimos y estos, quizá lo sean sólo porque acaban de llegar.

Julián Romero es Presidente de OFISO

Publicado en el Informe Anual OFISO sobre la Financiación Sostenible en España en 2021
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