Elma Saiz Delgado, Consejera de Economía y Hacienda. Gobierno de Navarra
Navarra debutó en la financiación sostenible en 2019, en un momento relativamente temprano, cuando todavía solo dos regiones, Madrid y País Vasco, habían decidido dar el salto a este formato de emisión. El desafío de la sostenibilidad, no obstante, había comenzado varios años atrás cuando la Comunidad asumió como propios los objetivos de la Agenda 2030 y ligó sus planes y programas a sus retos sostenibles.
Ahora son ya cinco comunidades autónomas las que pertenecen a este universo y seguramente alguna más está preparando su estreno en vista de lo concluyentes que son los resultados. Dos tercios del volumen captado en 2021, año que ha destacado por la recuperación del dinamismo del mercado de bonos regionales, se ha formalizado a través de instrumentos de financiación sostenible y, lo que es todavía más alentador, las previsiones de 2022 en adelante apuntan a que seguirán creciendo en volumen y en atractivo.
Con la perspectiva que comienzan a dar los años, puedo asegurar que el recurso a los bonos sostenibles fue y sigue siendo una apuesta ganadora, por lo que animo a otras regiones a sumarse, y no solo porque da la oportunidad de participar en un mercado en expansión.
El recurso a los bonos sostenibles fue y sigue siendo una apuesta ganadora
Es bien sabido que este tipo de financiación atrae y despierta el interés de más inversores, en su mayoría extranjeros, y favorece buenas condiciones de plazo y coste. Pero no quisiera detenerme hoy en estas virtudes más conocidas de la financiación sostenible; me gustaría aprovechar este espacio para poner en valor el trabajo de colaboración y participación que se ha generado entre distintos departamentos de nuestra Administración a raíz de la implantación de este formato de emisión; un trabajo que, aunque quizá pase desapercibido a los ojos del inversor, está siendo valiosísimo para la organización.
Como recoge el Marco de Finanzas Sostenibles de Navarra, una comisión interdepartamental es la que selecciona y evalúa posibles proyectos y programas elegibles del Presupuesto General, y se reporta su impacto. Decidir los proyectos, en base a los criterios elegibles, implica diálogo, equipo y conocimiento de lo que hace cada uno, a menudo difícil de saber por los “muros burocráticos”. Es una tarea que exige aportar indicadores bien definidos y con los que los gestores deben comprometerse, y se toma conciencia del valor de los recursos, invitando a priorizar proyectos sostenibles. En nuestro caso ha mejorado la transparencia y la evaluación del gasto público, porque alienta a gestionar con resultados y objetivos, con comparabilidad entre un año y otro, y es un esfuerzo y técnica que debe trasladarse a todo el ámbito de la Administración.
En nuestro caso ha mejorado la transparencia y la evaluación del gasto público, porque alienta a gestionar con resultados y objetivos
Navarra tiene ya en circulación dos bonos sostenibles y, previsiblemente, la primera financiación que realicemos en 2022 llevará también este sello. La financiación sostenible está en auge y cada vez estará más extendida porque el mundo avanza hacia un futuro más verde y social; un porvenir que, insisto, puede mejorar la forma de trabajar de las administraciones públicas, obligando a la evaluación y a la rendición de cuentas ante los inversores.
(Publicado en el Informe Anual OFISO 2022)