Las decisiones recientes de los seis grandes bancos estadounidenses —Goldman Sachs, Wells Fargo, Citigroup, Bank of America, Morgan Stanley y JPMorgan Chase— de abandonar la Net-Zero Banking Alliance (NZBA) entre finales de 2024 y la primera mitad de 2025 ha generado un debate importante sobre el compromiso real de Wall Street con la descarbonización de la economía. A primera vista, este abandono puede interpretarse como un retroceso en los objetivos de sostenibilidad. Sin embargo, los datos de financiación recopilados por Bloomberg pintan un panorama aparentemente contradictorio.
Según Bloomberg, la financiación otorgada desde enero hasta el 1 de agosto de 2025cpor estos seis bancos a proyectos de petróleo, gas y carbón cayó un 25% respecto al mismo período de 2024, quedando en 73.000 millones de dólares en su conjunto. En algunos casos, la reducción ha sido drástica como en el caso de Morgan Stanley que disminuyó su financiación a combustibles fósiles en un 54%.
El contexto político de la salida de la NZBA
Los bancos justificaron su abandono de la NZBA alegando que los compromisos de reducción de emisiones exigidos por la alianza podían exponerlos a riesgos legales en un entorno político polarizado, especialmente en Estados Unidos, donde varios estados han iniciado acciones contra instituciones financieras acusándolas de discriminar a la industria de los combustibles fósiles. Esta presión política, sumada a la amenaza de litigios y restricciones regulatorias impulsadas por legisladores conservadores, ha generado un ambiente de incertidumbre en torno a las alianzas voluntarias de carácter climático.
Además, la NZBA implicaba un grado de coordinación entre competidores que, si bien buscaba alinear el sistema financiero con el Acuerdo de París, podía ser interpretado por reguladores o tribunales como una forma de colusión sobre decisiones de financiación. Ante el riesgo reputacional y legal, los bancos han optado por desvincularse de la alianza para mantener autonomía en sus estrategias.
El mercado como fuerza de cambio
Paradójicamente, mientras los bancos abandonan la NZBA, los datos muestran que están reduciendo su exposición a proyectos de combustibles fósiles. Esto se explica en gran parte por la dinámica de los propios mercados: la creciente volatilidad de los precios de los combustibles fósiles, el auge de las energías renovables, el avance de la electrificación y las crecientes exigencias de los inversores sobre riesgos climáticos están configurando carteras más resilientes y con menor dependencia del petróleo, gas y carbón. La presión de clientes institucionales, que buscan inversiones con menor riesgo a largo plazo, también ha jugado un papel clave en esta reducción.
La contradicción aparente se disipa: se abandona la NZBA pero se reduce la financiación de combustibles fósiles
De esta forma, la contradicción aparente se disipa parcialmente: el abandono de compromisos climáticos formales no implica necesariamente un regreso masivo a la financiación de combustibles fósiles. De hecho, los bancos parecen estar siguiendo la lógica económica de un mercado en transformación, donde la transición energética deja de ser un imperativo exclusivamente político para convertirse en un factor material de riesgo y oportunidad financiera.
¿Hacia dónde se dirige Wall Street?
Lo que está por ver es si estos bancos mantendrán una conducta de reducción de los préstamos a los proyectos como han hecho en esta primera parte de 2025, demostrando que la presión del mercado favorece la financiación sostenible o, por el contrario, las presiones políticas y los cantos de sirena de las rentabilidades a corto plazo pueden llevarles a reorientar su financiación hacia proyectos fósiles.
Por ahora, los datos indican que, más allá de la política y de los marcos voluntarios, el mercado está imponiendo sus propias reglas en la configuración de las carteras de crédito y bonos, favoreciendo un cambio estructural en la financiación sostenible global.