Medir las emisiones de CO₂ de la cadena de suministro es uno de los mayores desafíos dentro de la gestión corporativa de la sostenibilidad y del reporting de datos y su adecuación a lo requerimientos regulatorios, y puede convertirse en un objetivo incómodo de alcanzar por no disponer de datos fiables de sus proveedores. En algunos casos, sin embargo, esta carencia no exime a determinadas empresas de reportar las emisiones de alcance 3.
En el ámbito de la financiación sostenible, la capacidad de gestionar las emisiones de alcance 3 se está convirtiendo en un factor diferencial. Las organizaciones que adopten un enfoque pragmático, transparente y progresivo estarán mejor posicionadas para atraer inversión, cumplir con la normativa y contribuir de manera real a la transición hacia una economía baja en carbono.
Pero, ¿es posible avanzar sin disponer de esos datos primarios? La respuesta pasa por combinar metodologías indirectas, estimaciones fiables y una estrategia progresiva de mejora.
Pueden representar más del 70% de la huella de carbono total de una empresa.
Las emisiones asociadas a proveedores forman parte del alcance 3, es decir, aquellas emisiones indirectas que se producen en la cadena de valor de una compañía, que en determinados sectores pueden representar más del 70% de la huella de carbono total de una empresa.
Por todo ello, y debido a la obligatoriedad de reporting que representan para determinadas empresas, los estándares internacionales permiten el uso de aproximaciones basadas en datos secundarios cuando los primarios no están disponibles.
Una de las fórmulas más utilizadas consiste en estimar las emisiones a partir del gasto económico en proveedores. Este método, conocido como “spend-based”, se basa en factores de emisión promedio por sector económico. El proceso es relativamente sencillo:
No es un enfoque demasiado preciso pero permite obtener una primera estimación razonable e identificar las áreas de mayor impacto. Existen diversas bases de datos que proporcionan factores de emisión por sector y región. Algunas de las más utilizadas incluyen:
Estas herramientas permiten adaptar las estimaciones a contextos geográficos y mejorar la calidad del cálculo frente a promedios globales.
En algunos casos, es posible estimar emisiones utilizando datos físicos indirectos. Por ejemplo:
Este enfoque suele ser más preciso que el basado en gasto, especialmente en sectores industriales, aunque requiere mayor nivel de detalle en la información operativa.
A medida que se dispone de más información, es recomendable evolucionar hacia un enfoque híbrido, lo que supone recabar datos reales de los proveedores más relevantes o estratégicos mientras se mantienen las estimaciones para el resto. Para incentivar a los proveedores a facilitar sus datos algunas compañías utilizan métodos como incluir requisitos de reporte climático en los contratos, ofrecer formación o herramientas a proveedores pequeños, priorizar a los proveedores que mejor cumplan con el reporte de datos. Para cerrar el proceso, algunos incluso integran en sus evaluaciones de crédito de proveedores los criterios de emisiones de CO2.
Existen, además, plataformas que facilitan la recopilación de datos de proveedores, estandarizan cuestionarios y calculan automáticamente las emisiones. Algunas incluso permiten compartir información entre múltiples clientes, reduciendo la carga para el proveedor. Adoptando estas herramientas se logra no solo mejorar la eficiencia, sino que también contribuye a crear un lenguaje común en la cadena de suministro.
Un aspecto que da credibilidad a las estimaciones es reconocer sus limitaciones y por ello documentar claramente las metodologías utilizadas así como indicar el porcentaje de datos primarios vs. estimados y explicar los supuestos y factores aplicados.
La falta de datos de proveedores no debe ser un obstáculo para actuar, sino un punto de partida. Las metodologías de estimación permiten construir una base sólida sobre la que avanzar, identificar riesgos y oportunidades, y responder a las crecientes exigencias regulatorias y del mercado.
En el ámbito de las finanzas sostenibles, la capacidad de gestionar las emisiones de alcance 3 se está convirtiendo en un factor diferencial. Las organizaciones que adopten un enfoque pragmático, transparente y progresivo estarán mejor posicionadas para atraer inversión, cumplir con la normativa y contribuir de manera real a la transición hacia una economía baja en carbono.