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¿Existe una burbuja verde?

Es una pregunta que circula en estos primeros compases de 2021 tras la formidable expansión de los instrumentos de financiación verde y sostenibles en 2020. ¿Se trata de una tendencia consistente como muchos vienen señalando, que ha llegado para quedarse, o existe el riesgo de que retroceda y sea sólo un espejismo, que estemos asistiendo a una burbuja verde?

Environmental Finance ha dedicado varios artículos en estas semanas a esta cuestión. En el último de ellos recuerda el caso de Tesla, que ya fue objeto de esta duda en 2014 cuando su capitalización bursátil era de 30.000 millones de dólares. En estos seis años, la tendencia no se ha debilitado hasta llegar a un valor bursátil actual de 750.000 millones de dólares.

En 2020 la tendencia a la revalorización de las acciones con componente ESG se ha afianzado como ha comprobado Morgan Stanley con un análisis que concluye que «las acciones verdes crecieron en promedio 24 puntos entre el 1 de enero de 2020 y el 12 de febrero de 2021, frente al aumento de 2 puntos para sus pares no verdes del mismo sector».

Vector fundamental para decidir las inversiones

Pero ¿podrá mantenerse esta tendencia tras la pandemia y la inquietud por los asuntos medioambientales, sociales y de gobernanza que se han generado con la crisis del COVID?

Morgan Stanley considera que el componente ESG de los distintos activos será el vector fundamental en esta década a la hora de decidir las inversiones, especialmente en todo lo relativo a la lucha contra el cambio climático. Los inversores están asimilando e interiorizando los riesgos climáticos como elementos muy a tener en cuenta de cara al valor de los activos futuros y las entidades financieras será sometidas a un intenso escrutinio en este capítulo por parte de los bancos centrales en los próximos años.

El grueso de las inversiones sostenibles en los últimos años se han concentrado en las energías renovable pero cabe pensar que en estos próximos años el foco se ampliará no sólo a las actividades complementarias de estas energías, como todo lo que tiene que ver con el almacenamiento y las baterías, sino también al transporte limpio, el segundo polo de atracción de fondos, la eficiencia energética, en especial en las actividades inmobiliarias e infraestructuras, e incluso a otros ámbitos como la gestión y tratamiento del agua, el capital natural y la economía circular.

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