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Financiación sostenible: de la etiqueta a la evidencia

Tomás Gallego es Director Financiero de Redeia

En 2025, la financiación sostenible ha dado un paso cualitativo: ya no hablamos solo de “qué instrumento” (verde, social, SLB/SLL) ahora se busca “qué prueba” y “qué trayectoria” sostienen la ambición. Un detonante claro ha sido el primer ciclo de información bajo la CSRD, con publicaciones en 2025 y reportando conforme a ESRS. Este salto ha acercado la conversación ESG al lenguaje financiero: materialidad, controles, consistencia y verificabilidad.

Ya no nos valen los KPI genéricos, ahora se exigen KPI´s con mucha mayor precisión y menor margen de interpretaciones ex post, 

Para un sector intensivo en capital como es el sector eléctrico, el cambio lo hemos percibido en dos frentes. Primero, en nuestro diálogo con bancos e inversores: ya no nos basta con declarar objetivos; nos demanda una conexión más nítida entre capex y métricas operativas (redes, integración de renovables,…). Segundo, en la propia arquitectura de los instrumentos: ya no nos valen los KPI genéricos, ahora se exigen KPI´s con mucha mayor precisión, menor margen de interpretaciones ex post, y con una demanda creciente de metodologías y revisiones externas.

Un marco europeo más estricto con el riesgo de greenwashing

En paralelo, en 2025 se ha consolidado un marco europeo más estricto para reducir el riesgo de greenwashing. El Estándar voluntario de Bonos Verdes Europeos (EuGB), aplicable desde diciembre de 2024, y su “efecto demostración” ha empujado a una mayor alineación con taxonomía y a reportes más homogéneos. La transición desde el “label” hacia la evidencia se ha visto con claridad en los primeros EuGB del sector utilities. Un ejemplo ilustrativo es la emisión de la utility italiana A2A, que el 23 de enero de 2025 colocó un European Green Bond de €500 млн a 10 años, presentado como el primer EuGB corporativo europeo bajo el nuevo marco. La operación se estructuró con uso de fondos 100% alineado con la Taxonomía y destinado a proyectos típicos del sector: redes eléctricas, renovables, eficiencia energética y gestión de residuos, con una demanda que multiplicó varias veces el tamaño emitido. Más allá del emisor concreto, el mensaje de mercado es relevante para nuestro sector: los activos “financiables” en utilities suelen mapear mejor a taxonomía (redes, renovables, eficiencia).

De cara a 2026, es razonable anticipar volúmenes muy elevados de inversión en el sector utilities, en un contexto en el que la electrificación gana cada vez más tracción; y, en paralelo, el mercado va a exigir más prueba y trazabilidad del impacto, también por la creciente integración del riesgo ESG en la banca (con nuevas exigencias prudenciales aplicables desde enero de 2026). En Redeia, además de seguir financiando el refuerzo y desarrollo de la red de transporte para acompañar la transición energética en España, el reto es poner en valor —con métricas claras— los impactos reales de esa transición para diferenciarnos de otros emisores y aspirar a menores primas de financiación.

(Publicado originalmente en el Informe Anual OFISO 2026 sobre la Financiación Sostenible en España en 2025
https://www.ofiso.es/files/informe-anual-OFISO-2026.pdf?v=2 )
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