La CSRD tras los aranceles de Trump ¿oportunidad o lastre?
La evolución de la CSRD (Directiva sobre Informes de Sostenibilidad Corporativa) y la CSDDD (Directiva sobre la Debida Diligencia en Materia de Sostenibilidad Corporativa) en el contexto de los aranceles anunciados por Trump se anuncia compleja y zigzagueante. Existe, por un lado, la posibilidad de que las directivas se debiliten en respuesta a la presión competitiva, aunque también podrían convertirse en herramienta para fortalecer la resiliencia de la cadena de suministro, la innovación sostenible y la autonomía estratégica de la UE. La clave estará en la capacidad de la UE para equilibrar las prioridades económicas y de competitividad con sus ambiciones en materia de sostenibilidad. En estos escenario geopolíitco incierto deberán moverse las empresas en los próximos meses.
Algunos escenarios posibles
1. Debilitamiento o relajación de las Directivas:
La presión competitiva que los altos aranceles puedan traer podrían poner a las empresas europeas en una desventaja competitiva frente a empresas de países con regulaciones menos estrictas en materia de sostenibilidad, lo que significaría una mayor presión en el seno de la UE para retrasar la implementación de la CSRD y la CSDDD, como ya parece estar anticipando el Parlamento europeo, argumentando que imponen costes adicionales y perjudican la competitividad. Para muchos, existen en este momento otras prioridades.
La imprevisibleAdministración Trump podría considerar que las regulaciones relativas a la sostenibilidad de la UE y sus compromisos de información y buenas prácticas pueden perjudicar a las empresas estadounidenses, lo que les llevaría a una acción diplomática sobre la UE para que relaje estas directivas. La retórica de la «seguridad económica» y la «soberanía industrial» podría usarse para justificar el proteccionismo, tanto en Estados Unidos como posiblemente en la UE (en respuesta).
Elevar los umbrales de tamaño de las empresas sujetas a las directivas podría ser una opción, eximiendo a las empresas más pequeñas y medianas (PYMEs). Se podrían buscar excepciones para sectores considerados estratégicos o particularmente vulnerables a la competencia extranjera.
2. Mayor énfasis en la resiliencia de la cadena de suministro:
Mayor regionalización/deslocalización: La debida diligencia podría orientarse en relación con las cadenas de suministros hacia su resiliencia ante las incertidumbres geopoliticas más que hacia la sosteniboilidad de los proveedores.
Por el contrario, la UE podría utilizar CSRD y la CSDDD como herramientas estratégicas para promover la autonomía de la UE, incentivando la producción y el consumo sostenibles dentro de la eurozona. Esto podría implicar estándares más estrictos para los productos importados, lo que obligaría a los proveedores extranjeros a cumplir con las normas de sostenibilidad de la UE para acceder al mercado europeo.
3. Mayor enfoque en la innovación como ventaja competitiva:
Orientar la sostenibilidad hacia la innovación: Los aranceles podrían motivar a la UE a incentivar a las empresas europeas para invertir en innovación sostenible con el fin de reducir costes, mejorar la eficiencia y diferenciarse de la competencia. La CSRD podría usarse para comunicar estos esfuerzos de innovación a los inversores y consumidores.
Fortalecer su liderazgo mundial en sostenibilidad: La UE podría seguir adelante con la CSRD y la CSDDD, fortaleciendo su liderazgo mundial en sostenibilidad. Esto podría permitir a las empresas europeas establecer estándares que otros países eventualmente tendrían que adoptar para comerciar con la UE, creando una ventaja para las empresas que ya cumplen con los estándares.
Énfasis en la circularidad y la reducción de residuos: el encarecimiento de materiales y componentes importados puede ser una oportunidad para la adopción de modelos de economía circular y estrategias de reducción de residuos, cuya difusión y comunicación podría quedar tambien bajo el ámbito de la CSRD.
4. Divergencia y fragmentación normativa:
Divergencia por regiones: En todo caso, es previsible una divergencia entre Estados Unidos y la Unión Europea y otras regiones en cuanto a las prioridades y los estándares de sostenibilidad, lo que obligará a las empresas multinacionales a navegar por diferentes ámbitos normativos, con un aumento de la complejidad y los costes.