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Las finanzas ESG en 2021 en el sector eléctrico

Dirección de Financiación y Tesorería del Grupo Iberdrola 

Si hay algo que destacar de 2021 en el ámbito de las finanzas ESG es precisamente eso, su cambio de denominación o, mejor dicho, su adaptación a un término/concepto que dé cabida al gran abanico de instrumentos que se empiezan a emitir con regularidad bajo el mismo: a los tradicionales bonos verdes, que fueron fuertemente complementados en 2020, año de irrupción de la pandemia, por los bonos sociales, se les sumó el pasado año la consolidación de los llamados SLB (Sustainability-Linked Bonds, por sus siglas en inglés), bonos cuya rentabilidad de halla vinculada al cumplimiento de una serie de objetivos sostenibles. Es por ello que en la industria financiera ha calado ya el concepto genérico de bonos “ESG-labelled” o etiquetados con el sello ESG, sin perjuicio de poder seguir haciendo la distinción entre sus distintas tipologías.

 

Así, el volumen de operaciones denominadas ESG en los mercados de capitales europeos ascendió en 2021 a 97.400 millones de euros, un 28% del volumen total emitido[1], frente al 9,6% del año anterior (Crédit Agricole CIB, 2022). De ellos, un 57% fueron bonos verdes (79% en 2020), por un 29% de SLB (solo 8% en 2020). Ello ha sido debido muy probablemente a la mayor facilidad que ofrece este instrumento para demostrar el compromiso del emisor con la transición hacia una economía sostenible y más libre de emisiones de CO2, frente al clásico rigor de los bonos verdes, basados en el enfoque “Uso de los fondos”, que exige demostrar que un importe equivalente a los euros invertidos ha ido a parar a proyectos con un impacto medioambiental positivo. No es de extrañar que compañías de sectores como el petrolero (Oil&Gas) o el constructor (Real Estate) hayan apostado con fuerza por este modelo, si bien no es exclusivo de ellos y también se constata la plena adhesión a este formato de alguna eléctrica. No obstante, para sectores como el eléctrico, tan intensivos en inversiones fácilmente asignables a proyectos beneficiosos para el medioambiente, el formato verde sigue considerándose el más riguroso y preferido por los inversores.

 

Iberdrola lleva años comprometida con las finanzas ESG, no solo a través de la financiación verde (donde es el mayor emisor de bonos verdes del mundo), sino también de otras operaciones donde los costes quedan vinculados a su desempeño en materia de sostenibilidad. Esto sucede para instrumentos en los que por su naturaleza el enfoque Uso de los fondos no resulta viable.

 

Para el año en curso, se espera un apuntalamiento de esta tendencia alcista en la emisión de instrumentos ESG en general, con un ojo puesto en la Taxonomía de la Unión Europea, cuyo borrador de acto delegado se ha hecho ya público y está en fase de discusión a la redacción de estas líneas, y el otro en la evolución que vaya mostrando también el Estándar Europeo de Bonos Verdes (EU Green Bond Standard), que a priori no hace sino reforzar y añadir rigor a los principios de ICMA considerados hasta la fecha como mejor práctica del mercado.

 

[1] En 2021 se emitieron en el Euromercado 347.000 millones de euros, un 21% menos que en 2020, año récord dadas las enormes necesidades financieras generadas por la pandemia, así como el favorable contexto de política monetaria ultra laxa promovida por el Banco Central Europeo (fuente: Crédit Agrciole Corporate and Investment Bank, 2022).
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